entrevista a francisco rodriguez

  • La crisis económica venezolana es la mayor contracción económica vista en América Latina y una de las diez más grandes vistas en el mundo desde 1950
  • No hubiésemos llegado a esta situación de no ser por los repetidos y persistentes errores de política que, aunados a la corrupción y mala gerencia, llevaron a que la economía venezolana desperdiciase el mayor boom de ingresos por recursos naturales visto por cualquier país latinoamericano en este siglo
  • La insistencia por el expresidente Chávez en aplicar un modelo económico de economía dirigida por el Estado con altos niveles de regulación e interferencia con el sistema de precios y elevada inseguridad en la estabilidad de los derechos de propiedad atizó la conflictividad política.
  • La principal discusión en Venezuela ya no es entre dos modelos económicos: es entre dos modelos políticos.  Por un lado, nos encontramos con un partido de gobierno con aspiraciones hegemónicas que está dispuesto a reprimir, si es necesario brutalmente, a la disidencia política, y por otro lado tenemos una sociedad civil que quiere vivir en un país en el que se respeten los derechos políticos y civiles y la alternancia democrática. 
  • Tiene que implementarse un programa de estabilización y reformas económicas que busque recuperar las pérdidas de productividad y emprender un proceso de crecimiento en el que el sector privado juegue un rol fundamental

1.         Profesor Rodríguez. Usted está por publicar un libro titulado Scorched Earth: The Political Economy of Venezuela`s economic collapse 2012-2020 (Tierra Arrasada. La Economía Política del Colapso Económico de Venezuela 2012-2020). ¿Cuáles son las principales conclusiones y argumentos de ese trabajo?

Tierra Arrasada busca entender las razones detrás del colapso económico vivido en Venezuela en la última década.  La crisis económica venezolana es la mayor contracción económica vista en América Latina y una de las diez más grandes vistas en el mundo desde 1950.  Este tipo de contracciones usualmente ocurren sólo en países que atraviesan conflictos armados.  Parte del argumento crucial de mi libro es que no se puede entender la crisis venezolana sin entender por qué y cómo sus actores políticos tomaron la decisión de adoptar estrategias de lucha por el poder que tenían costos significativos para la economía.  Ello nos llevó a entrar, con particular intensidad a partir de 2017, en un proceso de conflicto político económicamente destructivo, en el cual los actores políticos hacen esencialmente lo que hacen algunos ejércitos en guerra: buscan destruir los recursos que le pueden ser útil a su adversario, aún si hacerlo daña la base productiva de la sociedad.

Claro está que no hubiésemos llegado a esta situación de no ser por los repetidos y persistentes errores de política que, aunados a la corrupción y mala gerencia, llevaron a que la economía venezolana desperdiciase el mayor boom de ingresos por recursos naturales visto por cualquier país latinoamericano en este siglo.  Este es un proceso que describí en mi artículo “Una Revolución Vacía” [An Empty Revolution] publicado en Foreign Affairs en 2008.  La revolución bolivariana solo era económica y políticamente sostenible bajo términos de intercambio muy favorables.  Lo que vemos a partir de 2014 es que el sistema económico y político no tiene la capacidad de lidiar con un choque negativo de términos de intercambio de gran magnitud y responder al mismo tiempo a las exigencias de los votantes y a las de sectores claves para mantenerse en el poder, tales como las fuerzas armadas.  Al Maduro enfrentar esa elección e inclinarse por proteger el apoyo militar a costa del bienestar y los derechos políticos y humanos de los venezolanos, se precipita la crisis de gobernanza que lleva en última instancia al desconocimiento internacional y la imposición de sanciones, con costos económicos altísimos para toda la sociedad.

2.         El modelo económico y político del socialismo del siglo XXI ha sido ampliamente rechazado por la mayoría de los venezolanos. Sin embargo se insiste en su aplicación. No creo usted que este es un factor que ha aumentado la radicalización de la oposición?

Ciertamente la insistencia por el expresidente Chávez en aplicar un modelo económico de economía dirigida por el Estado con altos niveles de regulación e interferencia con el sistema de precios y elevada inseguridad en la estabilidad de los derechos de propiedad atizó la conflictividad política.  Chávez siempre vio el conflicto político como una forma de imponer su visión, y no como una arena en la cual buscar acuerdos que hiciesen posible la gobernanza.  Parte de lo que ocurre con los cambios políticos que se dan después de la Constitución de 1999 es que el sistema político venezolano se convierte en un sistema donde el ganador se lo lleva todo y el costo de perder la contienda política es altísimo.  Ello también potencia la radicalización en un sector de la sociedad que se siente totalmente excluido de la toma de decisiones.

Ahora, algo importante que pasa en los últimos años es que la fuerza de las circunstancias ha obligado al gobierno de Maduro a llevar adelante algunas reformas económicas, tales como la unificación cambiaria, dolarización, reducción en los controles de precios, e intentos por atraer la inversión extranjera, que han traído un mínimo de racionalidad al manejo de la economía.  Venezuela dista aún mucho de ser un país bien manejado, pero no está tan mal manejado como lo estaba en la primera mitad del gobierno de Maduro.  Esto no es inusual, y ocurre mucho en gobiernos que enfrentan crisis fiscales – recordemos por ejemplo el viraje de políticas económicas a mitad del segundo gobierno de Rafael Caldera.  Pero ello quiere decir que la principal discusión en Venezuela ya no es entre dos modelos económicos: es entre dos modelos políticos.  Por un lado, nos encontramos con un partido de gobierno con aspiraciones hegemónicas que está dispuesto a reprimir, si es necesario brutalmente, a la disidencia política, y por otro lado tenemos una sociedad civil que quiere vivir en un país en el que se respeten los derechos políticos y civiles y la alternancia democrática.  Y claro está, tenemos mutaciones de ambos bandos en los que se mezclan distintos grados de concepción del poder y la alternabilidad.  Pero creo que ya la discusión no es entre socialismo y economía de mercado, sino entre autocracia y democracia. 

3.         Hablando de la coyuntura económica de Venezuela. Hay una combinación letal de contracción prologada de la economía e hiperinflación, en medio de un déficit fiscal significativo y una severa restricción de divisas. ¿Cómo salir de esta situación?

La crisis humanitaria y económica venezolana es esencialmente consecuencia de un desplome de más del 90 por ciento en nuestros ingresos por exportaciones petroleras.  Venezuela vendía casi 100 mil millones de dólares al resto del mundo hace nueve años, y hoy vende menos de 10 mil millones de dólares.  Independientemente de la causa de esa caída en ingresos – y entre los economistas hemos discutido mucho el rol de varios factores, incluyendo la desinversión, mala gerencia y excesiva presión fiscal sobre PDVSA, y las sanciones económicas – la mayoría de los otros problemas económicos son derivación de ese colapso en los ingresos en divisas de la nación.  Si bien estoy de acuerdo con que los altos niveles de gasto tuvieron mucho que ver con cómo entramos en la crisis fiscal, no creo que sean el problema actual.  Si un país donde la nómina salarial es el principal componente del gasto público y el gobierno paga menos de 5 dólares al mes a sus empleados tiene un problema fiscal, ese no puede ser un problema de gastos.  Ese es un problema de ingresos.

Por lo tanto, el primer objetivo debe ser el de reinsertar a la economía venezolana en la economía mundial, reconstruyendo los vínculos que nos permiten intercambiar bienes, disponer de activos y buscar financiamiento y así volver a tener un ingreso de divisas que permita que esta economía funcione.  Cómo esto puede ocurrir en un contexto de sanciones tiene que ver con cuánto puede avanzar el diálogo político.  Claro está, la reinserción en la economía mundial es una condición necesaria pero no suficiente.  Tiene que implementarse un programa de estabilización y reformas económicas que busque recuperar las pérdidas de productividad y emprender un proceso de crecimiento en el que el sector privado juegue un rol fundamental.  En ese contexto complejo, creo que la adopción de una moneda sólida como el dólar estadounidense, con el compromiso explícito de abandonar el impuesto inflacionario como fuente de financiamiento del gasto público, puede servir para recuperar la confianza de los actores económicos en un compromiso de estabilidad de precios que permitiría, en conjugación con otras reformas macro y microeconómicas, sentar las bases para un proceso de crecimiento sostenible e incluyente.

Francisco Rodríguez. Es economista de la UCAB y tiene un PhD en Economía de Harvard University. Es Director y Fundador de la Fundación Petróleo por Venezuela.  Ha sido profesor e investigador en la Universidad de Maryland, Wesleyan University, Tulane University, la Universidad de Notre Dame y el IESA. Ha publicado más de 50 artículos en publicaciones especializadas, incluyendo el Journal of Economic Growth, NBER Macroeconomics Annual, Journal of Macroeconomics y el American Economic Journal.