Latinoamérica, radiografía de una crisis

Ángel Medina Devis. Politologo UCV. Diputado Asamblea Nacional 2015-2021

Es evidente la necesidad de un cambio en la región, el deseo de encontrar finalmente un camino que nos permita el progreso, la paz y la felicidad que tantas veces ha sido prometida y que en igual medida ha sido frustrada. Pareciera que no importa el tinte político o la versión ideológica que pretenda llevar los destinos de nuestras tierras, todos y todas las veces que han obtenido el favor de la gente, no concluyen sus mandatos con el sabor de victoria real para nuestras sociedades, por el contrario, se suman años de deudas para con la esperanza que se encuentran en cada una de nuestras calles, sectores populares, en nuestros campos y en las propias bocas de quienes de forma recurrente admiten que no se pudo lograr.

Nuestra Latinoamérica vive nuevamente un momento de revuelo y búsqueda, que para algunos representa una vuelta al escenario y para otros su salida, para quienes debaten y analizan podría ser un nuevo giro y para los que tienen una visión simple de las cosas, un conflicto entre la derecha y la izquierda. Un momento que se presenta con la fuerza de un pueblo que reclama y se manifiesta en las capitales, muchas de forma cívica pero tantas otras de forma muy violenta, con esa fuerza que abarrota avenidas con las consignas y banderas, pero que también quema estaciones de metro y autobuses, la fuerza que se expresa en los jóvenes mediante su reclamo en las calles y la que se evidencia en la piedra que rompe la vidriera, son estas fuerzas representadas en los extremos de la conciencia y de la brutalidad las que se evidencian en nuestros medios y en nuestras discusiones, esas que se fraguaron en medio del descontento y en el deseo de tener algo distinto.

En estas líneas nos proponemos recorrer varios obstáculos que se interponen entre el deseo y el logro de un cambio sostenido hacia el bienestar de nuestros pueblos, muros que se vienen formando desde hace varias décadas y que han sido sometidos a todo tipo de examen e intentos reales de demolición, pero que aún permanecen empeñados en su vorágine destructiva, la pandemia del COVID los alimento en buena medida y hoy vuelven reforzados, son los problemas regionales que nos unen y nos motivan a seguir haciéndolos visibles y exponiéndolos no solo para poder identificarlos, sino para fortalecer el espíritu del enemigo común y la intención de allanar las mejores capacidades para darles fin definitivo.

Nos recuperamos económicamente, pero se mantiene la crisis social

La pandemia del COVID19 significo un duro golpe para la región desde todo punto de vista, sus efectos todavía siguen estando presentes en nuestras sociedades y las demandas generadas siguen vigentes luego de la cuarentena.

Desde el punto de vista económico estamos en un proceso de recuperación que busca un equilibrio, las tasas de crecimiento de nuestro PIB total regional pasó de la cifra roja de -6.8% en el año 2020, a registrar +6.4% en el 2021 y las estimaciones para el presente año siguen siendo positivas aunque más moderadas, esto debido a múltiples factores como la reactivación económica, los precios en las materias primas, los incentivos otorgados por los gobiernos para mitigar el efecto del confinamiento, entre otros. Sin embargo, esta recuperación económica carga consigo el enorme peso de la deuda social acumulada que se agravo durante la pandemia.

El crecimiento registrado no es suficiente para contener los efectos sociales profundos que provocó la pandemia. La realidad es que hoy 201 millones de personas viven en situación de pobreza y 86 millones en pobreza extrema, en 2021 se perdieron al menos 20 millones de empleos en toda la región, 98 millones de niños y niñas (58% de la población escolar) dejaron los estudios durante la pandemia, el 21.2% de los jóvenes de la región actualmente ni estudian ni trabajan y el 28,8% de las muertas por COVID se produjeron en nuestras tierras. Estas son cifras ofrecidas por los organismos multilaterales como CEPAL, FMI, OIT y UNICEF que revelan el drama que se venía arrastrando y que ha sido impactado de la peor forma con la llegada del COVID.

Esta ecuación de drama social está afectando principalmente a los sectores más vulnerables, las mujeres, los indígenas y los menores de edad. Son las mujeres quienes se han visto obligadas a dejar sus trabajos para cuidar a la familia, son las protagonistas en el aumento de la violencia doméstica, son las mujeres las que han sido llevadas al campo de la informalidad y con ello a la desprotección social; pero también son los niños y niñas que debieron abandonar su escuela, que pasaron engrosar los números del trabajo infantil, quienes en los últimos años junto con los jóvenes han estado perdiendo años de oportunidades y se encuentran en riesgo de ser una “generación pérdida” o como estableció el Foro Económico Mundial los “Pandemials”; por último, el aislamiento y la falta de presencia real del Estado sobre los pueblos indígenas, quienes en medio de esta enorme deuda social, siguen a la espera de verdadera justicia histórica.

Para superar esta brecha entre crecimiento económico y social se sigue sugiriendo mantener las medidas de protección social que se dieron durante la pandemia, impulsar un papel más efectivo de los gobiernos en lo relativo al sistema de salud y educación, como virar a la idea de una sociedad del cuidado que coloque a la vida como centro y proponga que esta recuperación venga con inclusión, igualdad y sostenibilidad.

Se mantiene el desencanto con la Democracia

Nuestra región ha vivido en los últimos dos años una intensa actividad electoral, entre las elecciones realizadas y las que están por darse, se suma un total de 32 eventos electorales (9 elecciones presidenciales, 12 parlamentarias, 8 regionales o locales y 3 consultas que van desde una consulta constitucional hasta un referéndum). La dinámica política de los últimos meses ha provocado cambios importantes en la configuración política de la región, el ascenso de Gabriel Boric en Chile, la victoria y retorno del MAS en Bolivia, el cambio que representa Guillermo Lasso en El Ecuador, la presencia de un nuevo movimiento encabezado por Pedro Castillo en El Perú, elecciones los resultados en Costa Rica y Honduras, los cambios de configuración parlamentaria en Argentina, como los resultados finales que pudieran tener las carreras presidenciales en Colombia y Brasil, son muestra de un ferviente ejercicio del voto en nuestros países.

Sin embargo, la cultura electoral instalada que mantiene mínimos estándares internacionales, está chocando con un agotamiento del modelo democrático y de los sistemas políticos que lo representan. Las protestas multitudinarias que se vivieron en Chile, Costa Rica, Colombia, Ecuador o Paraguay, son muestra de un descontento con el estado de cosas, es ese reclamo aireado por parte de amplios sectores de la sociedad hacia sus elites políticas, que muchas veces se manifestó de forma muy violenta, la que está generando alertas reales sobre nuestros sistemas políticos y están obligando profundas reflexiones sobre los cambios urgentes que se necesitan para compensar esa enorme brecha que hoy existe entre las demandas sociales y la capacidad real de las instituciones de ofrecer soluciones efectivas.

La polarización política, las distintas salidas abruptas de gobiernos en varios países, la deslegitimación de los sistemas de partidos políticos, la judicialización de la actividad política, la concentración del poder y las tendencias autocráticas de algunos gobiernos, se lanzan como señales evidentes sobre los decisores públicos y los actores políticos. La calidad de nuestra democracia se ha deteriorado, es real el desgaste de muchas de las instituciones creadas para sostener el sistema de libertades, como es real al avance de liderazgos populistas que promueven (y lo consiguen en algunos casos) una reforma radical del sistema y del orden regional incluso.

La encuesta Latinobarometro del año 2021 refleja esta situación en su más reciente informe titulado “Adíos a Macondo”. Este estudio devela el desencanto de nuestros pueblos con su sistema de representación y con las instituciones públicas, muestras como las exigencias de los ciudadanos son cada vez más inflexibles frente a lo que consideran gobiernos anquilosados e incapaces de someterse a un baño de actualización, muestran que si bien existe el voto como derecho que se ejerce con regularidad, este simple proceso de elecciones no basta para responder a las necesidades y hacerle frente a lo que llaman una Triple Crisis, que es la simultaneidad de una crisis política, sanitaria y económica. Macondo parece ser la imagen que gráfica el rostro de nuestros gobiernos, como entes anclados en el pasado y bajo una cosmovisión que se niega a salir del siglo pasado, frente a un ciudadano global, complejo y diversificado que requiere de acciones más innovadoras, sostenibles y que permitan el tan anhelado progreso social.

En este panorama nada alentador, los gobiernos deberán fortalecer los pocos esfuerzos realizados en materia de transparencia y rendición de cuentas para provocar un vuelco a la interrelación entre las instituciones y los ciudadanos, la sociedad tendrá que mantener la lucha por fortalecer los espacios de participación no solo en lo político, sino avanzar en la contraloría de la sociedad, en el desarrollo de más y mejor cultura ciudadana y en fomentar los espacios necesarios para crear puentes que busquen conectar a las personas de distintos niveles socioeconómicos, creencias religiosas y culturales, como entre la población rural y de las ciudades. Es clara la necesidad de que se asuma la necesidad de que exista el Estado partiendo de los esencial que fue su presencia en enfrentar los efectos sociales y económicos que produjo la pandemia de COVID, pero comprendiendo los déficits que presenta para lograr el mayor bienestar de sus ciudadanos.

La Desconfianza

La confianza es algo que se construye de forma constante, que se va ganando de a poco, que requiere de tiempo y esfuerzo, porque son los gestos y las acciones aunadas a la palabra las capaces de provocar que una persona confié en otra, que una organización de su confianza a una persona o una persona a la organización.

Sin embargo, ese esfuerzo de crear confianza puede romperse en cualquier momento y de la forma más sencilla, porque cualquier gesto mal interpretado o acción descolocada puede echar a pérdida el camino labrado.

Colocando en contexto esta idea, definimos la confianza tomándola del documento publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo titulado Confianza, la clave de la cohesión social y el crecimiento en América Latina y El Caribe como «la creencia de que otros no actuarán de manera oportunista, donde no se harán promesas que no se puedan cumplir, ni se trasgredirán las normas para aprovecharse de otras personas que las respetan».

En el caso de nuestra región latinoamericana y caribeña, este es uno de los principales obstáculos para lograr construir verdaderos caminos de desarrollo y promover el fortalecimiento de la ciudadanía. Un dato demoledor lo presenta el estudio Latinobarómetro 2021 donde se indica que solo el 12% de los encuestados puede confiar en las demás personas, 21% en la institución electoral de su país y el 70% no expresa lo que realmente piensa sobre la situación política que vive, es decir, la mayoría contundente de los latinoamericanos son desconfiados.

Estos números exigen como primer paso visibilizar esta desconfianza para hacerla consciente como uno de los enormes problemas que padecemos en la región, implica aproximar otros pasos como sensibilizar sobre este tema a todos los niveles en el proceso de toma de decisiones públicas, necesita de expertos que permitan canalizar acciones concretas para renovar el sentido de pertenencia responsable de los ciudadanos en sus sociedades, siendo estos los primeros pasos que consideramos como necesarios.

Sin confianza es imposible lograr desarrollo económico, es muy cuesta arriba armonizar las demandas como promover instituciones públicas y privadas eficientes, porque en medio de la desconfianza se superponen como efecto inmediato los intereses personales por encima de los colectivos y se instalan barreras culturales y sociales que imposibilitan un correcto desempeño de los acuerdos sociales.

Abrir espacios para la participación es un verdadero reto en medio de la desconfianza, promover reglas de juegos económicas y políticas es un desafío cuando la mayoría teme que el otro se pueda aprovechar o transgredir las reglas, posibilitar el desarrollo es una tarea titánica cuando los actores no creen o no tienen esperanza sobre la buena voluntad de los demás.

Los efectos de la Guerra sobre Ucrania

La invasión de Rusia a Ucrania demanda un vuelco en la agenda global, la guerra afectó desde sus inicios el equilibrio de paz que se creía sólido y puso sobre la mesa de los actores internacionales las necesidades por encima de los retos. La discusión sobre cómo enfrentar los efectos del cambio climático y actuar para detenerlo, los esfuerzos para redefinir las relaciones de tensión y competencia entre los Estados Unidos y China, la crisis de refugiados y migración masiva de naciones como Siria, Irak o nuestra Venezuela, la carrera espacial que se impulsaba desde la empresa privada, estas y otras agendas han sido trastocadas y en algunos caos pasadas a asuntos menores ante la presencia de las armas, de los bombardeos y de la invasión que violenta los principios del derecho internacional.

Hoy la agenda vuelve a poner a los organismos internacionales en primer plano, el Consejo de Seguridad de la ONU, la acción de la Unión Europea y de los Estados Unidos presentándose como un occidente aliado y unido  desde la OTAN, las respuestas de las trasnacionales y de los organismos económicos globales para limitar la economía de guerra de Putin, la ayuda militar de las naciones a Ucrania y los esfuerzos para atender a los millones de desplazados ucranianos, son muestra de que los eventos planificados para estos años cambiaron de atención y redujeron en buena medida los temas, hoy la guerra dispone del tiempo e impone atención.

Especialmente el tema energético es parte de este vuelco en la dinámica, la Rusia de Putin es de los principales productores de gas y petróleo, era de los principales proveedores para los países europeos y socio necesario de muchas naciones latinoamericanas. Dejar de tener a este proveedor de petróleo hace un desbalance en el mercado global.

Tomando las reflexiones sobre el impacto de esta guerra en la región realizadas por Alicia Bárcena Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, esta invasión tiene efectos inmediatos sobre lo que denomina tres canales de transmisión, donde el primero es el comercial afectando las importaciones de productos rusos como fertilizantes (el 88% de los que utilizamos son de Rusia) aluminio o caucho isopropeno e impactando en el PIB regional; el segundo canal es el de precios de hidrocarburos y productos básicos para la seguridad alimentaria (un ejemplo es como el precio de la UREA ha aumentado +90% en las últimas semanas); por último está el canal financiero donde se ven perjudicados los flujos de capital hacia la región y la incertidumbre colma el espacio de los grandes inversores.

La guerra en este tiempo ha puesto en segundo plano las necesidades de atención internacional que requieren nuestros países y pone en un dilema el desarrollo de nuestros pueblos, porque por un lado, muchos países comienzan a recibir las ganancias en el incremento de precios de las materias primas ya que los exportadores de petróleo, gas o minerales tienen nuevas oportunidades que solo la guerra pudo presentar, pero por otro lado, las demás naciones resiente la tendencia inflacionaria global, la crisis de los contenedores y de las cadenas de suministros y las limitaciones sobre el flujo de financiamiento para el desarrollo.

Consideraciones Finales

Si algo queda pendiente en la agenda regional, son los esfuerzos de integración y de consolidar un bloque económico, social y cultural de nuestras naciones, porque conversar sobre soluciones posibles a los obstáculos que tenemos y se nos presentan de forma cruel y limitante, como sobre la forma en la cual conectarse y tener relaciones con un espacio global, pasa por considerarnos unidos y actuar unidos en todas nuestras posibilidades.

Enfrentar los efectos de la guerra en Ucrania, la crisis social profunda que padecemos, los impactos del COVID que todavía hacen estragos en nuestros sistemas o la desconfianza pasan por reconsiderar nuestro modelo de relaciones intrarregionales, por darle sentido a la acción política y fortalecer mediante una seria actualización nuestros sistemas democráticos. Porque nuestros recursos son limitados, nuestras sociedades presentan los mismos retos y porque darles sentido a las respuestas implica darle sentido a la unidad de los países.

Bibliografía

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